A quién le importa
Nobody´s business –No es asunto de nadie- (1996, Alemania) de Alan Berliner.
El sábado después de
un taller de Foto y Poesía en la Avenida Santa Fé, la que coordinaba éste,
luego de pedirme que le convide un cigarrillo, me preguntó para dónde iba, y
fue así que caminamos por los pasillos subterráneos del subte y terminamos
haciendo combinaciones juntas, hablando de proyectos cinematográficos, de
política y de poesía.
Me pidió que le
recomendara documentales, que estaba manteniendo el ranking de mirar una
película por día porque se encuentra en la ambiciosa tarea de hacer una
película. Pasadas algunas palabras más me recomendó un documental: Nobody´s business de Alan Berliner.
El anochecer del lunes
feriado acompañé mi té y una vauquita -que hacía días me había regalado mi
madre- con la película recomendada. Me coloqué la bolsa verde de agua caliente
en los pies, y me entregué una vez más al tiempo fílmico.
No sé si puedo pensar
en una secuencia para analizar. Sino que lo pienso como algo más integral, porque
tampoco sé muy bien qué es lo particular que me interesa. Pero como me cuesta
un poco menos escribir, me adentro a eso. Pensando como premisa que es un
material visto, inéditamente para mí, que me interesa.
Había pensado en
reveer algo de Agnés Bardá, porque últimamente me la nombran mucho, pero aquí
estamos.
Como punto de partida
me interesa mucho el tema de pensar el título, que suena a negocio, pero según
el translate significa: “No es asunto de nadie”.
Últimamente lo que me
pregunto es justamente esto. Por qué considerar hacer una película. Por qué
considerar realizar una película autobiográfica. Realmente no es asunto de
nadie. Aunque de alguna manera la cita que coloqué de Berger al principio de la
primera entrega tiene que ver con estas preguntas. Pensando en la idea de que
descubriendo algo que en principio resulta ajeno, se descubre algo de una misma
y del tiempo mismo.
John Berger: “Si
descubrimos por qué esto es así, también descubriremos algo de nosotros mismos,
y sobre la situación en la que vivimos.”
De todo esto también
surge algo en lo que estoy pensando mucho últimamente: Qué ambicioso es querer
hacer una película. Hasta me resulta soberbio.
Pienso en todas las
definiciones que en primera instancia aparecen en mi búsqueda de google. No
pienso en necesariamente creerse superior al realizar una película, pero sí de
alguna manera retengo la parte de la definición que dice “alguna cualidad especial”,
“y que lo demuestra con un trato distante o despreciativo hacia los demás”. Sí
pienso que de alguna manera si uno tiene las ganas, y hasta la necesidad de
realizar una película es porque tiene algo que cree de alguna manera especial
para decir (¿). Y pienso en la parte de la definición que continúa respecto a
que lo demuestra con un trato distante o despreciativo hacia los demás, y
pienso en la noción de cine como dispositivo, trato distante como noción de
montaje.
Cuando tuve que
describir la presentación del primer parcial de esta materia escribí: ”Así, nace este proyecto, retratando lo
nada extraordinario. Viviendo en este contexto sumamente desafortunado,
indagando y decontruyendo la idea del propio dispositivo -como ordenamiento
previo que no depende de una, que va construyendo formas- y la noción de
montaje, temas que me resultan apasionantes, como el mismo cine.”
Nobody´s business, una película de plenos noventas, 1996. Con una elección del
montaje que me resulta muy acertada. Insertando una voz en off coloquial, que
genera una atmósfera natural, como si estuviéramos en un domingo de invierno
iluminadxs por algunos rayos de sol, en una linda casa de alguien familiar, con
una lejanía justa y especial de los ruidos de la ciudad, compartiendo unos
mates, mirando y recorriendo el álbum familiar. Tratando de querer sacarle las
palabras justo al más reacio de toda la familia para hablar. Con tonos
amistosos y enemigos que sólo se toleran y se animan a salir en los
entretelones de las mejores familias.
De la nota escrita por
Finkel: "El trabajo de montaje
visual y sonoro es maravilloso, casi el corazón de la película. Quizás uno de
los puntos más llamativos en ese sentido este dado por la reiterada escena
construida a partir de imágenes de archivo de peleas de boxeo. El recurso
visual de Alan Berliner sirve para hacer una analogía o una metáfora de su
relación paternal, que al igual que en una pelea de boxeo los participantes
recurren al abrazo para permitirse un descanso de los golpes propinados, donde
el afecto tiene un lugar extraño dentro de la discordia de su dialogo. En el
plano del montaje sonoro utiliza sonidos, que hacen referencia al tiempo, y
también silencios, que ayudan a construir la soledad de su padre y su sordera,
se configuran como otra forma de reflejar la realidad de su cotidianidad y de
la vida familiar."
Mis anotaciones de la
película son:
- La película comienza con la voz en off, con tono de seño fruncido siempre,
invitándonos a reflexionar sobre la idea de “entonces haga un paisaje de mí”,
referida a una anécdota en la cual un varón le pregunta a otro acerca de qué
sería más barato de realizar pictóricamente si un retrato o un paisaje. Y como
el paisaje es más barato, entonces burlonamente dice que quiere un paisaje de sí.
Padre: “Soy un hombre común”
Algo que ya tenía anotado, por algún lugar del cuaderno, es que mi madre lo que
más me repitió toda su vida, es la frase:
“Para qué me preguntas, Alejandrina, si vas a terminar haciendo lo que vos
queres”. Como digna hija menor, siempre me dijo esto a todas mis preguntas
insólitas. Ya hasta con un dejo de cansancio y entrega al mismo tiempo en su
tono. Calificándome desde que tengo uso de razón como una rebelde.
Me resulta interesante la imagen poética, y hasta en algún punto literal pero
también pacata, de cuando la madre dice off “Esperé 17 años para separarme” y la imagen es una casa
derrumbándose.
“Somos extraños con una historia en común”
Hay un choque entre dos concepciones de lo que
es el cine, de dos formas de representación. En una el cine es claramente espectáculo,
una ficción que se construye para que olvidemos el mundo, el individual, el del
cotidiano, y entremos a uno extraordinario, donde lo que suceda: bueno o malo,
sea lo suficientemente potente como para arrancarnos de todo lo que refiere al
mundo que dejamos en la puerta del cine. Ese cine, que nos genera la ilusión
momentánea de liberarnos de lo real, se construye por lo general a partir de lo
particular extraordinario. Ya sea por el carácter único del protagonista:
santos, héroes o estrellas; o por lo extraordinario de la situación. Ese es el
cine que Oscar le reclama a su hijo, eso es justamente lo que Nobody´s busines
no es. El cine de Alan Berliner es lo opuesto, trabaja sobre lo particular
ordinario, la vida común, aquello que cuando lo vemos nos devuelve sobre
nosotros mismos pero con una mirada que no puede sino ser crítica, porque nos
estamos viendo, o sea pensando.
El cine como un espacio de reflexión no solo del
cineasta acerca de si y de su vida sino también del espectador. Un espacio de
enriquecimiento simbólico que contiene experiencias, conceptos, ideas, que
pueden ayudar al espectador a situarse en su mundo, frente a sus conflictos y
sus deseos, de una manera más provechosa.”
Es lo primero que aparece
en la película y ya me resulta interesante. Puse como anotación
pensar emocionalmente. Pensar en la idea de que hacer un paisaje, algo
más general, algo más abarcativo, sería más barato, menos costoso, menos
riesgoso, que realizar un retrato, concentrarse en algo más preciso,
concentrarse en una, mirar de cerca viendo las grietas, los surcos, más de
cerca. Porque algunas cosas desde lejos
no se ven. Y, al mismo tiempo, el dicho popular ya dice: “El que mucho abarca poco aprieta”.
-Algo que a mí me interesa
reforzar en mi película es la idea de poner en juego la materialidad del uso del dispositivo, reforzando la idea de que
estamos en presencia de una película, una realidad más, una ficción más, una
forma más de ver, una subjetividad más.
La película de
Berliner lo hace, más allá de con el montaje, lo hace por ejemplo con la sutileza
de que el padre le pregunte: ¿Cuánto
tardará esto, Alan?, y Alan Berliner le contesta: Una hora.
Una hora nos tomará
estar en el mundo que Alan Berliner nos quiere mostrar.
Refuerza la idea de
poner en juicio al propio dispositivo.
-Minuto 1
Desafiando la idea de
que el cine tiene que ser un espacio para contar las historias extraordinarias.
Qué es lo que pasa
cuando se parte de la idea contraria. ¿Es quizás ahí dónde hay un juego de
legitimación de la forma por sobre el contenido? ¿Una necesaria deconstrucción
del dispositivo?
-Minuto 2
El padre a Alan le
dice “Haz lo que quieras Alan de
cualquier manera lo vas a hacer”.
En toda la película
aparece indignado con las preguntas que le realiza el hijo, exponiéndole sin
filtros lo poco interesante que le resulta todo.
Mi madre detesta que
le saquen fotos.
Creo que por el
contrario mi padre esperaría que realice un documental de él.
-Minuto 7
-Minuto 32
-Minuto 42
Una nota escrita por
Raúl Finkel comienza: “¿A quién le
importa?, a nadie. La vida de Oscar Berliner no le importa a nadie. ¿Qué puede
tener de interesante la vida de un anciano norteamericano; hijo de inmigrantes
polacos; judío; que combatió en la 2° Guerra Mundial; comerciante; que vivió
todo el Siglo XX; separado; padre de dos hijos? Como él mismo dice en
reiteradas ocasiones es uno más entre millones de seres humanos que han vivido
situaciones similares a las suyas. ¿Qué es lo que le importa a la gente? ¿Qué
es lo que el cine tiene para dar?”[1]
-La película termina
con el padre defenestrando la idea de que su hijo haya mal gastado su gran
inteligencia en dedicarse a algo tan inútil como el cine. Podría haber elegido
cualquier disciplina interesante, pero eligió el cine.
-Relación empática con
el espectador a través de la trasparencia del uso del dispositivo, montaje.
De la nota de Raúl
Finkel:
“Más allá de lo que la película genere en sus
espectadores, es muy simpático y llamativo el intento de interactividad que
Berliner coloca en la película. En el final de la secuencia sobre su
participación en la 2 Guerra Mundial, hay un título de crédito que solicita al
espectador que “por favor contacte con el cineasta” si tiene alguna información
sobre el equipo campeón de béisbol en el que jugó su padre cuando estaba en el
ejército. Lo fabuloso es que un año después Alan Berliner consiguió contactar
con uno de sus compañeros de equipo.
[1] http://cinesinorillas.blogspot.com/2011/01/alan-berliner-nobodys-business.html




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